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-¿Que pasó?- -Le dió hepatitis- Niño güero -¿Ya te tomaste algo?- -Si, me tome una de robaxisal que compré en la farmacia- -No, eso no te sirve, acá tengo Pentrexyl- Salí al patio donde debian estar las pastillas, un patio bastatnte raro para ser de un hotel, tenía una enredadera con una fruta que desconozco, incluso desconozco si era un fruta y una planta carnívora bastante grande. Me quedé viendo por la rejilla de madera por la que aun no trepaban la enredadera, vi el cielo que se tornaba gris y naranja. Tomé las pastillas y volví a entrar, le dí las pastillas a Diego y le dije que ya era hora de regresar a Michoacan. Comencé a hacer las maletas y puse en una bolsa una playera mojada, ayudé con su maleta a Diego y bajamos las cosas al estacionamiento del hotel. El cielo aun tenia ese color naranja tan misterioso. Plumas, muchas de ellas caian, blancas todas, parecían copos de nieve, parados en la calle subiendo cosas a la camioneta observabamos fascinados el espectaculo de las plumas, pero, este no era un espectaculo normal y mucho menos lindo. Subimos a la azotea del hotel y vimos a lo lejos lo que me esperaba, una mancha negra gigantezca, mas grande aun que muchos montes. -¿Crees que nos haya visto?- -Sí, por eso nos siguió. Vamonos antes de que pase algo malo- Y así, con el cielo naranja, partimos lo mas rapido que pudimos en la X-trail. La brisa del mar hacia que el aire se sintiera aun mas frio y las plumas limitaban la visibilidad. -Frenate mejor, no nos va dejar escapar- Diego frenó. La mancha negra entonces emitió un chillido, uno tan fuerte que la gente de Lagos de Moreno no pudo mas que notar su presencia, mas sabian que no había de que preocuparse, pues solo buscaba a una persona y a nadie mas mataría. Extendió sus alas negras y las volvió a guardar para depues escupir de su cuerpo un sin numero de aves negras que se dirigieron hacia la ciudad. Bajé de la camioneta y le dije a Diego que me esperara en el lugar acordado. Corrí por algunos callejones a fin de que no me vieran los pájaros, pues de ser así... La escuela, con las luces apagadas, parecía mas un castillo pequeño, tétrico y sin vida. Necesitaba ir a la biblioteca, así que subí por las escaleras y me fui hasta los ultimos tres cuartos. Dos estaban cerrados pero el tercero no tenía seguro, lo abrí y las luces de las velas iluminaban todo el camino lleno de libros. Tomé el que necesitaba y me apresuré a salir, mas, en la ventana de la bibloteca, un cuervo. Me han encontrado. La única salida que creía segura era entonces la de los baños, llegué hasta ellos en la planta baja. Unos baños oxidados, desde hace mucho fuera de servicio, aproximadamente 40 migitorios puestos de espaldas unos a otros y 50 puertas para retretes. Buscaba yo la salida cuando escuché un ruido, era el conserje y me estaba buscando. Jorobado y con su lámpara avanzaba lentamente rodeando la fila de migitorios, no logrababa ver a nadie, pero olía la preocupación de alguna persona por esos lugares. Se acercó hasta la puerta de un retrete, la abrió y ahi estaba yo, solo sonrió un poco y un ojo se torno rojo rubí... La gigantezca criatura negra que hasta ahora había permanecido en el mismo lugar entonces alzó el pico al cielo, dejando que todos los habitantes de la ciudad vieran su ojo rojo rubí enfurecido, se echó a volar hacia la escuela que estaba en un peñazco a la orilla del mar, se posó en la parte mas alta del edificio y, cerrando sus garras, hizo pedazos parte del techo y la pared del mismo, metio su pico viciosamente como buscando un diminuto gusano a quien debiera matar, lo hacía con tal desesperación que hasta me daba lastima verlo. Me eché a volar yo tambien, a fin de que el pájaro notara mi prescencia, y así fue. Dirigió su rubí, chilló y alzó vuelo contra mí. Así, entre el mar y el cielo el ave y yo peleamos, pintando de un naranja mas intenso el cielo. Mas llegó el momento en que desapareció entre alguna grieta, transformandose en miles de aves mas pequeñas, pero igual de fatales. Me dirigí entonces al lugar donde me encontraría con Diego, ya todos los demas estaban ahi. -Entonces, ¿que haremos?- -Debemos sellarla, no hay de otra- -Deberiamos esperar a un mejor momento- -Hemos ya esperado suficiente, ¿han visto para donde se fue?- -No, lo hizo en muchas cantidades para confundir, tal vez alguien del centro sepa- Volé hacia el centro, apenas iluminado por algunas lamparas y ah´encontre a una mujer de poco color. -¿Ha visto hacia donde se han ido miles de pajaros?- -Si, hacia la montaña- Las minas, ¿es que acaso tiene miedo? Volé hacia las montañas y aterricé en la entrada de las minas, algunos obreros aun seguian ahi, preguntarles sería demasiado riesgoso, es sabido que los obreros de la minas son aliados de los cuervos. Observé ahi detrás de una roca lo que me rodeaba, la mina, los hombres, el cañón, uno muy profundo y oscuro, demasiado profundo, diría yo. En el fondo, un rubí. El ave tenía unas 1000 veces mi volumen y sus alas eran suficientes para convertir en noche el cielo de cualquier lugar. Se posó encima de algun peñazco cercano y habló en una lengua olvidada, no pude mas que ponerme a su altura, cambiando de forma. De mi cabeza se hizo un diamante y de mi cuerpo una cuerda escamosa que crecieron hasta alcanzar un tamaño comparable al del ave. Esta me miró con su joyería y comenzamos nuevamente a luchar, ella por vivir y yo por pelear simplemente. Recibí muchos picotazos y sus pequeños cuervos negros como ella picoteaban sin mucho éxito mis escamas gruesas. Me enrosqué en su cuello y el ave con todas sus fuerzas picó mi carne. Así, ambas bestias cayeron al fondo del cañon, muertas. |
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